sábado, 12 de febrero de 2011

Romanza en tono menor

Maupassant en el cine alemán.

El 7 de octubre de 1944, La Vanguardia nos proporciona una información sobre el estreno en España de una película del director alemán Helmut Käutmer que, iniciado en el teatro, se había pasado a la pantalla con gran éxito. Resumamos un fragmento de la crónica en cuestión:

(…) [Helmut Käutmer] fue uno de los primeros en comprender que para hacer cine era, ante todo, preciso desprenderse de los viejos trucos que había enseñado hasta entonces el teatro. No confió todo al diálogo. Es curioso hacer constar que muchas de sus obras apenas llegan al millar de palabras.
Este es el caso de una de sus más geniales producciones, «Romanza en tono menor», obra que está inspirada en una obra del famoso novelista francés Guy de Maupassant, y cuyo asunto refleja las contradicciones psicológicos de una mujer casada con un hombre vulgar y que busca una evasión a este drama íntimo. Obra de gran profundidad, requería una técnica cinematográfica a la altura de su asunto. Aquí es donde ha triunfado plenamente Herlmut Käutner. Cuantas personas han visto la cinta han señalado en primer término como razón de su triunfo estas cualidades excepcionales del director. Y después la interpretación de Ferdinand Marian, Paul Daklhe y Marianne Hoppe en los papeles principales.

El título de la película, estrenada en 1943, en plena Alemania nazi, tiene por título original Romanze in Moll.
Es un extraordinario film de la escuela cinematográfica germana de la primera mitad del siglo XX que tantos directores aportaría a la factoría de Hollywood con motivo de la ascensión al poder del nazismo y después de la II Guerra Mundial.
Aunque el anuncio de la película insiste en que está basado en un relato de Maupassant, consideramos en realidad que está inspirado en dos.
Romanze in Moll está basada en el cuento de Maupassant Les Bijoux[1] y L’Ordennance[2]; este último ya fuera llevado a la pantalla por el cineasta ruso, Victor Tourjanski y estrenada en España en 1921 con el título El Asistente.
Anuncio en la prensa
Recordemos que Les Bijoux (Las joyas), narra la pasión de una hermosa mujer por el teatro y la colección de joyas. Su marido, un empleado del Ministerio de la Marina, con un exiguo sueldo, cree que las alhajas que posee su mujer son quincalla y pura bisutería, no dándole demasiada importancia a esa afición. Una noche de lluvia, ella llega empapada del teatro y días después muere de una pleuresía. Su marido, transido de dolor por la pérdida de su amada esposa, comienza a adquirir deudas y con los bolsillos vacíos decide empeñar lo que él cree meras bagatelas. En la primera joyería que entra para tasar un collar descubre horrorizado que es auténtico y de un gran valor, obtenido sin duda por alguna relación adúltera. El hombre, tras el primer instante de sorpresa y dolor, acaba empeñando el resto de las joyas ante las irónicas sonrisas de los dependientes de la joyería. Finalmente disfruta del dinero obtenido, se despide del trabajo considerándose rico y se vuelve a casar meses después con otra mujer que lo hará infeliz. Hasta aquí el cuento.

El Ordennance desarrolla la trama de una joven casada con un coronel retirado que la supera en edad en exceso, hasta el punto de que la muchacha lo quiere como a un padre. Esta se enamora de uno de los oficiales que frecuentan su domicilio, pero el ordenanza de su esposo, un suboficial ladino y despiadado, se entera del adulterio y tras dos primeros meses de complicidad con ella y su amante, solicita los favores de la joven si no quiere que el anciano coronel sepa la verdad. La joven cede y se entrega a su amante y al ordenanza, hasta que su conciencia y la repugnancia la vencen y finalmente se suicida ahogándose, dejando una nota a su esposo donde se lo explica todo.
Cartel de la película
El viejo coronel, llama al ordenanza a su presencia y tras apuntarle con un revolver y sonsacarle el nombre del amante, lo mata de un disparo.

Veamos como la película se ajusta a ambos cuentos en los episodios más importantes de la misma.
En síntesis nos muestra a una hermosa mujer casada con un mediocre empleado de banco, cuya única diversión consiste en jugar a las cartas con sus amigos; no obstante la quiere y es muy solícito con ella.
Un día, paseando, la mujer queda fascinada ante el escaparate de una joyería por un collar de perlas. Un transeúnte, compositor célebre, apuesto, rico y un poco excéntrico, es cautivado por la sonrisa de la mujer mientras observa la joya. Él, sin mediar palabra, entra en la joyería, compra el aderezo y se lo entrega a la dama. De entrada, en un lógico sentimiento de pudor y honestidad, la mujer rechaza el regalo y se niega a acceder a las pretensiones del atrevido galán, pero acaba sucumbiendo ante su encanto personal convirtiéndose en su amante.
Es importante hacer un paréntesis y destacar la importancia que en la película se le concede a la sonrisa de la protagonista como el elemento detonador del ímpetu amoroso del hombre. En este sentido Maupassant escribe al principio de su cuento, cuando describe a la protagonista:

Su modesta belleza poseía el encanto de un pudor angélico, y la imperceptible sonrisa que nunca abandonaba sus labios parecía un reflejo de su corazón[3].

Hay que decir que la actriz Marianne Hoppe, interpreta de manera sublime el rol que Maupassant le asigna en el cuento a su protagonista Madeleine. Incluso, en la película, el rictus del cadáver en el lecho de muerte conserva esa característica sonrisa.
Cierto día, aprovechando que su marido está de viaje, Madeleine va a pasar el día a la casa de campo de su amante. Allí es presentada a un caballero, amigo de la familia, como esposa del músico para guardar las apariencias ante la irónica y socarrona incredulidad del caballero.
Reverso del cartel anterior

El azar hace que este último sea el futuro propietario del banco del marido de Madeleine. El matrimonio es invitado a una cena de empresa donde el jefe ve a la supuesta esposa de su amigo como consorte de su empleado, descubriéndose la infidelidad. El banquero, cínico y despiadado, susurra al oído de Madeleine: «esta es la moral de la burguesía».
A partir de ese momento, la mujer es chantajeada por ese hombre que pretende a su vez ser su amante, amenazándola con destapar el escándalo. Es entonces cuando en el desarrollo de los acontecimientos se vislumbra con meridiana claridad el argumento de L’Ordennance.
Ella, enamorada del músico, pero a su vez con los remordimientos de conciencia viendo como su esposo la quiere y es tan amable con ella, no ve salida a su situación y opta por suicidarse ingiriendo veneno.
Antes de morir, escribe una carta a su amante contándole todo, y el desenlace se salda con un duelo entre el músico y el banquero donde este último muere. Finalmente es el músico quien acude al domicilio del marido para darle una satisfacción, pero este último, acobardado y ebrio por el dolor, se desvanece en su embriaguez y la película finaliza.
El episodio del descubrimiento del adulterio, el chantaje y el suicidio son tres elementos presentes en L’Ordennance, mientras que en Les Bijoux está implícita la infidelidad pero no existe extorsión ni muerte autoinfligida.

La película utiliza la técnica del flashback. Comienza con la mujer muerta en su cama con el collar puesto. El marido, para desprenderse de todo aquello que la recuerde y pueda reavivar su dolor, empeña sus vestidos y alhajas cuando descubre el verdadero valor del collar. El hombre, indolente y perezoso, trata de descubrir quien le ha regalado la joya….y a partir de ahí la historia retrocede en el tiempo, iniciándose con la mujer extasiada ante el escaparate de la joyería.
Tanto el título original, Romanze in moll, como su traducción literal al castellano Romanza en tono menor, está tomada del tema musical que el amor por Madeleine inspira al músico. Esta pieza  constituirá la banda sonora de la película.
Ante la posibilidad de que el título diese lugar a confusiones entre el público que podría pensar que se trataba de una película musical, en los anuncios de la prensa de la época se hacía constar claramente que no se trataba de un film de ese género.
En el reverso del cartel podemos leer:

ÉXITO ÉXITO ÉXITO
La extraordinaria película
ROMANZA EN TONO MENOR

…no es una película musical, es el trágico destino de una mujer, luchando entre la felicidad y la culpa…
Solo las mujeres podrán comprender el complejo amoroso de la intérprete.
El impresionante dramatismo de esta sublime superproducción, que quedará catalogado como una de las obras maestras del séptimo arte, obliga a la Empresa a avisar que no es apta para menores

En resumen, y estableciendo una comparativa entre la película y los dos relatos tenemos las siguientes similitudes y diferencias:

Les bijoux
L’Ordennance
Romanze in moll
La esposa muere de una pleuresía
La esposa se suicida ahogándose
La esposa se suicida ingiriendo veneno
Las joyas son auténticas

El collar es auténtico
El marido empeña las joyas (varias)

El marido empeña el collar
El o los amante/s se ignoran
El amante es un suboficial
El amante es un músico

La mujer escribe una carta  a su esposo explicándolo todo.
La mujer escribe una carta al amante explicándolo todo.
El marido rehace su vida.
El marido venga a su esposa matando al ordenanza, antes de arrancarle el nombre del amante de esta.
El marido cae en la desesperación.

El villano chantajea a la mujer y acaba cediendo
El villano chantajea a la mujer pero ella no cede

El villano muere a manos del marido
El villano muere a manos del amante.

Casi pueden observarse más concomitancias con L’Ordennance que con Les Bijoux. En cualquier caso Maupassant está presente en todo el desarrollo de la película de un modo evidente, y así se le hace saber al público.
En el pie del cartel de la película, cuya imagen reproducimos en este trabajo, puede leerse:

Todo el interés vivísimo, todo el ambiente de cuyo dramatismo encierran las novelas de Guy de Maupassant, encuentran en este film su más perfecta expresión cinematográfica.

Romanza en tono menor es una más de las muchas pruebas que vienen a demostrar en que modo los dramaturgos y los cineastas se han procurado guiones en las obras de Maupassant con evidentes buenos resultados. Si bien el mérito de los realizadores de las obras es incuestionable, debemos reconocer la solidez que a los guiones les proporciona las extraordinarias narraciones del autor normando.
                                

José Manuel Ramos González
Pontevedra, 12 de febrero de 2011



NOTAS.-
[1] Les Bijoux. Gil Blas 27 marzo de 1883 bajo el seudónimo de Maufrigneuse. Recogido en la antología  Clair de lune.
[2] L’Ordennance. Aparecido en el Gil Blas el 23 de agosto de 1887 y recogido posteriormente en la antología La main gauche.
[3] Guy de Maupassant. El Ordenanza. Cuentos Esenciales. Editorial Mondadori. Madrid 2008-. Pág. 463.

domingo, 6 de febrero de 2011

La inocencia interrumpida

De Yvette de Maupassant a Doña Diabla de Luís F. Ardavín

Un artículo del periódico El Imparcial del 18 de marzo de 1925, firmado por José de Laserna, nos pone en la pista de una obra teatral basada o inspirada en una obra de Guy de Maupassant.
La obra en cuestión se titula Doña Diabla. Se trata de un drama en tres actos  y en prosa cuyo autor es el dramaturgo español Luís Fernández Ardavín, estrenada en el teatro madrileño La Latina, el 13 de marzo de 1925.
En el artículo podemos leer el siguiente fragmento:

[…]
Ni el ambiente, ni el asunto, ni la acción de este drama celestinesco del teatro naturalista, aunque ciertamente más naturalista en su naturaleza interna que en su expresión formal pesaron sobre la franca aceptación de los espectadores en sus dos primeras partes.
Verdad es que, para los leídos, no estaba ausente La maison Tellier de Guy de Maupassant, con la que no deja de ofrecer Doña Diabla, en las premisas, ciertas concomitancias, y verdad también que, para todos, el drama de Ardavín se desenvuelve arbitraria y caprichosamente.
[...]

Hemos podido tener acceso a la obra de Fernández Ardavín que se publicó en mayo de 1925 por la Librería y Casa editorial Hernando de Madrid, después del polémico estreno. Un libro de 103 páginas que en la fecha de su aparición costaba 10 reales, es decir 2,50 pesetas o para los más jóvenes decir que hoy no llegaría a 2 céntimos de euro. La realidad es que a nosotros nos ha costado cien veces más. Pero en fin, al margen de este paréntesis anecdótico en relación con la revalorización del precio del libro antiguo, volvamos a la obra.

Luís Fernández Ardavín
El Sr. de Laserna habla de premisas y concomitancias entre Doña Diabla y La Casa Tellier. Esto nos estimuló a adquirir y leer el libro para buscar y analizar esa relación entre un estreno teatral con una obra universalmente reconocida y de una calidad excelsa. Pero cual es nuestra sorpresa al comprobar  que La Casa Tellier no tiene nada que ver con Doña Diabla. El único punto en común argumental que presentan las dos es que Madame Tellier y Doña Diabla regentan un prostíbulo. ¡Eso es todo! Y para ahondar más en las diferencias, la Casa Tellier no se desarrolla en la mancebía, mientras que Doña Diabla transcurre todo el tiempo en el salón principal del lupanar. La Casa Tellier nos muestra a sus residentas. Doña Diabla solamente las cita. Y por último, y lo más importante, no hay ningún punto argumental entre una y otra.
¿Valió la pena la adquisición del libro centuplicado en su valor para sufrir esta decepción? Por supuesto que sí.
Nuestra sorpresa resultó mayúscula cuando la lectura de Doña Diabla nos iba acercando cada vez más, no a la Casa Tellier, sino a otro importante relato de Guy de Maupassant: Yvette, que a su vez da nombre a una de las antologías de cuentos que publicó en vida y que en castellano fue traducida en ocasiones con el desafortunado título de El vicio amoroso.
Haciendo un juego redundante de palabras, diremos que esto nos hace ser críticos con el crítico, y afirmar que el Sr. José de Laserna oyó repicar campanas sin saber donde confundiéndose de relato.

En efecto, Doña Diabla es un drama en tres actos en prosa que narra las peripecias de una jovencita recién salida de un colegio de monjas, en el que estuvo recluida desde niña, para ir a vivir con su madre. Doña Diabla, así llamada por sus sutiles artimañas para hacer de su casa un lugar de citas exclusivo, mantuvo oculta a su hija de esa vida disipada, proporcionándole una educación en un ambiente de salud moral estricto.
Cuando la niña llega a la casa llena de ideales, inquietudes y ganas de vivir, no sospecha absolutamente nada hasta que poco a poco, el contacto con los personajes que acuden al salón de la alcahueta, le va abriendo los ojos para sufrir el duro impacto de la verdad.
Su inocencia interrumpida la sume en un estado de postración tal que incluso su vida corre peligro. Al igual que Yvette tratando de suicidarse ingiriendo éter, Cándida se convierte en morfinómana.
Observemos las concomitancias de ambas obras:

Cándida es hija de una prostituta de lujo, Doña Diabla. Yvette es hija de una prostituta de lujo, la marquesa Obardi.
Escenas de Doña Diabla
La clientela de Doña Diabla es exclusiva, y para entrar en su salón se necesitan las referencias de tres personas previamente admitidas. La clientela de la marquesa de Obardi está constituida por aristócratas y gente adinerada.
Ambas muchachas sufren un golpe traumático cuando se enteran de la actividad que se desarrolla en su hogar, creyendo hasta el momento que las visitas eran simplemente amistades mundanas de sus respectivas madres.
Ambas caen en gran desolación. Yvette intenta suicidarse con éter y Cándida no come perdiendo toda ilusión en la vida y sumida en el sueño de la morfina, a la que se hace adicta por intervención de Adrián, personaje pérfido y cliente de su madre.
Idéntico fondo argumental que Yvette y desde luego situaciones similares más que casuales.
En Doña Diabla, no obstante, se produce un enredo amoroso un tanto artificial que no se da en Yvette. Mientras Yvette tontea inocentemente con uno de los clientes de su madre, Cándida se enamora de Pablo, un buen muchacho que ignora lo que sucede en la casa, y que casualmente es hijo de Laura, una de las asiduas al lupanar.

Nos gustó la obra de Ardavín, pese a su desenvoltura encorsetada tal y como afirma el crítico. Evidentemente nos hemos tenido que conformar con el texto. La escena es otra cosa, pero su prosa es firme y las ideas sobre la moral y la filosofía sobre el bien y el mal nos parecen de lo más acertado. El final es escabroso y feliz al mismo tiempo, al igual que en el relato de Maupassant.
Ambas muchachas deben acabar asumiendo su condición de hijas de pecadora; circunstancia esta que las convierte a ellas en mujeres igualmente deshonrosas, como un mal hereditario que se transmite de madres a hijas del que es imposible desprenderse.
En la obra se produce un diálogo muy significativo que expresa con claridad meridiana el estado de inferioridad de la mujer respecto del hombre en cuanto a los prejuicios morales en la época en la que se escribió el drama.
Para situarnos en contexto diremos que Pablo, enamorado de Cándida, pretende casarse con ella, pero Laura, su madre, conociendo la reputación de Doña Diabla, se niega al noviazgo considerando a la niña deshonrada por esa filiación.
Doña Diabla, meses antes, había sido cómplice de Laura, favoreciendo el adulterio de esta última prestándole sus habitaciones para reunirse con su amante. En un momento de la obra Doña Diabla y Laura, la madre de Pablo, mantienen el siguiente diálogo, cuando la última prohíbe esas relaciones.

[…]
DOÑA ANGELITA.-  Por ser mi hija, ¿verdad?  No porque ella fuera mejor ni peor, sino por ser mi hija. ¡Extraña moral la tuya! Entonces – sigamos suponiendo – tu hijo, por ser tu hijo, merece la recusación de todas las mujeres honradas. ¿No es eso? Entonces si yo tuviera una hija y él me la enamorase, ¿yo debía oponerme a ese amor?
LAURA.- Es distinto.
DOÑA ANGELITA.- ¿Por qué? ¿Por qué tu infamia clandestina no ha salido a la luz y la mía sí?... ¿Pero no son iguales infamias? No, mujer egoista, no. Tu honor y el mío nada tienen que ver con los suyos, como nada tienen que ver su inteligencia y su corazón.
LAURA.- Pero el hombre se libra del estigma y la mujer no. Lo que difama a un hombre es ser hijo de un ladrón o de un asesino; lo que difama a una mujer es ser hija de una liviana.[1]
[…]

El tema es los suficientemente melodramático para que pocos rasgos humorísticos hagan acto de presencia en la obra de Ardavín. Por comentar alguno de los escasos chascarrillos que salpican el guión, citaremos el juego que el autor realiza con los nombres de los personajes. Doña Diabla es el apodo de Doña Angelita; Cándida el nombre de la niña. Las muchachas asiduas al prostíbulo de esta Celestina de lujo, que no aparecen en la obra pero se les cita, se llaman Inocencia, Purita y Virginia.

Doña Diabla tuvo bastante repercusión en la prensa, pues hemos encontrado muchísimas y extensas referencias a la obra, sin embargo ninguna menciona la relación con Maupassant exceptuando, y equivocadamente, la del Imparcial del 18 de marzo. Nos sorprende sobremanera que ninguna de las otras las relacione con Yvette, cuando el asunto es de una similitud evidente.
Leyendo Doña Diabla, estamos en condiciones de afirmar con rotundidad que Ardavín se inspiró en Yvette. No se trata de una adaptación  ni un plagio del relato de Maupassant, pero este está presente en todo momento en la memoria del dramaturgo.
María Guerrero
Pese a que la publicidad de la obra apostillaba que por su tema era de índole especial, agria y solo para hombres, el éxito de taquilla fue grande y no faltaron las señoras. Estos anuncios que pretenden disuadir siempre suelen producir el efecto contrario.
La actriz que encarna a Doña Angelita es María Guerrero, mientras que Cándida es interpretada por Marujita Guerrero López, D. Adrían, el pérfido vividor que lleva a Cándida a la perdición, lo interpreta Fernando Díaz de Mendoza y el ingrato papel de Laura es asumido por la Sra. Almarche.
Como casi siempre, la crítica fue más exigente que el público y tras tildar la obra de un “colegial picado de moralista” y en general infravalorarla, acaba reconociendo que el público aplaudió mucho el drama e hizo salir repetidas veces al autor.
Parece sistemático y endémico este divorcio entre la crítica y el público en nuestro reciente teatro.

De todos modos, y para finalizar, recomendamos leer ambas obras, en especial la de Maupassant, mucho más rica en caracteres, personajes y situaciones. También más verosímil que el enredo amoroso presente en Doña Diabla.

José M. Ramos González
6 de febrero de 2011.

[1] Luís Pérez Ardavín. Doña Diabla. Librería y Casa Editorial Hernando. Madrid 1925. Pág. 49.

viernes, 4 de febrero de 2011

Hotel Comercio

por Frizt Hochwälder

El más célebre cuento de Guy de Maupassant, Bola de sebo, considerado por muchos como el mejor relato corto de la historia de la Literatura Universal, fue objeto de adaptaciones para el cine y el teatro desde su aparición en 1880.
Su inmediato éxito, aparte de su indiscutible calidad, se vio favorecido por dos hechos capitales. Su autor era discípulo de Flaubert, tenía ya treinta años y el oficio de escritor completamente aprendido; el solitario de Croisset, como llamaban a Flaubert, nunca le permitió publicar nada hasta que escribiese algo que el maestro considerase digno de ser publicado.
El segundo factor que impulsó el relato fue el hecho de encontrarse incluido en una antología de his torias cortas encabezada por Émile Zola, sobradamente conocido ya en el mundo de la literatura francesa. Esto le proporcionaba una publicidad añadida importante. Esta antología, titulada Las veladas de Médan, reunía a varios escritores, aportando cada uno de ellos un relato basado en la guerra franco-prusiana de 1870. Estos eran Zola, Paul Alexis, J.K. Huysmans, Henri Céard, Léon Hennique y Maupassant. Ninguno de los relatos de sus colegas pasó a la historia de la literatura, pero Bola de sebo no solo tuvo un éxito inmediato que catapultó a su autor, sino que su nombre quedó inmortalizado gracias a ese maravilloso cuento que hoy en día todavía es objeto de estudio y que sigue publicándose por doquier.
Su argumento es sobradamente conocido, pero para los que no hayan tenido todavía la ocasión de leerlo, realizaremos una rápida sinopsis, con la encarecida recomendación de que sea leído, aunque a veces los resúmenes resultan disuasorios. Nosotros correremos el riesgo.
El relato comienza con el ejército francés en retirada tras la victoria de los prusianos. Los invasores ocupan Francia. Un grupo de burgueses de Rouen, con negocios en El Havre,  se dispone a viajar con un salvoconducto del gobernador prusiano en la ciudad. Con ellos también viaja una prostituta, Isabel Rousset, alias Bola de sebo, por su especial complexión física. Todos la miran con desprecio y la ignoran durante la primera parte del viaje. El hambre comienza a acuciar y Bola de sebo extrae de su cesta una cantidad de manjares que provocan una intensa salivación en sus compañeros que no han sido tan previsores. La muchacha en un acto desinteresado invita a todos a saciar su apetito. Estos, dejando sus prejuicios arrinconados, no dudan en aceptar el ofrecimiento de la muchacha.
La diligencia llega a una parada de postas ocupada por un destacamento prusiano. Mientras cambian los caballos y los pasajeros se refrescan y disfrutan de un tentempié, el comandante germano les prohíbe reanudar el viaje hasta que Bola de sebo no acceda a sus requerimientos sexuales. Ésta se niega a ultranza, ya que pese a su oficio, él es un enemigo. Los demás, al principio se indignan, pero al verse retenidos en la posada convencen a la muchacha de que se sacrifique en aras al bien común. Bola de sebo, con mucho pesar, accede finalmente. Pero cuando vuelven a reanudar el viaje, la miran con más desprecio todavía, finalizando el cuento con los sollozos inconsolables de Bola de sebo, sintiéndose humillada por aquellos a los que tanto favor a hecho.
Es un hermoso canto al patriotismo y una denuncia a la hipocresía burguesa.

Este relato, por su intenso contenido emocional, su realismo y su caracter un tanto épico, encandiló a autores teatrales y a guionistas de cine. Así pues fueron tomados los elementos básicos de la trama de Maupassant para adaptarla a la escena o a la pantalla con mayor o menor éxito y fortuna. Una de las  versiones fílmicas más conocidas es el western de John Ford, La Diligencia. El teatro también bebió en Bola de sebo con la obra de Carlos Arniches, La Estrella de Olympia, comentada en este blog.

En esta ocasión nos ocuparemos de la versión teatral del dramaturgo austríaco Fritz Hochwälder, tiltulada Hotel Comercio, que, escrita originalmente en alemán bajo el título Hôtel du Commerce, fue estrenada en España en el Teatro Reina Victoria, el 21 de abril de 1973.
Es una de las adaptaciones de Bola de sebo más fieles que se han realizado. En ningún momento se oculta el origen de la obra; incluso los nombres de los personajes coinciden con los del cuento: Loiseau, Carré-Lamadón, Cornudet e Isabel Rousset, nuestra Bola de sebo, que en la obra jamás se le llama por su apodo. Evidentemente la actriz que encarna a Isabel no tiene la complexión física de una persona gruesa tal y como nos la describe Maupassant (En España fue interpretada por Queta Claver). Hago aquí un paréntesis para mencionar las dificultades de algunos directores para encontrar actrices que encarnasen a Bola de sebo tal y como Maupassant nos la presenta. También hay una monja, mientras que Maupassant pone dos en escena.

El argumento de la obra de Hochwälder es exactamente la misma que  la del cuento, inclusive algunos diálogos, aunque presenta algunas variantes que podemos destacar a continuación:
El cuento de Maupassant comienza con el ejército francés en retirada y con los momentos previos a la salida de la diligencia, la presentación de los personajes, la partida y la comida compartida dentro del coche mientras transcurre el viaje.
Fritz Hochwälder
Hochwálder, por una evidente cuestión de escenografía, comienza su primer acto en el Hotel Comercio, omitiendo la primera parte del viaje.  Los personajes se presentan por sí solos mediante los primeros diálogos. Es en el Hotel donde Isabel Rousset comparte su comida porque en el establecimiento no hay víveres. Los prusianos han requisados todos los comestibles, limitándose a dejar para los huéspedes de tránsito algunos mendrugos de pan duro.
Las mismas actitudes de agradecimiento hipócritas a Isabel muestran los burgueses en ambas obras.
El cochero, Luís, que en la obra de Maupassant es un personaje casi inexistente, tiene un papel relativamente importante en la pieza teatral, pues está enamorado de Isabel Rousset y se convertirá en una especie de vengador moral de la muchacha y quien le tenderá una mano amiga, lo que hace el desenlace de la obra teatral menos amargo que el del relato.
Una vez en el Hotel, el comandante prusiano solicita los favores de la prostituta. Ésta se niega. Como represalia el germano impide reanudar el viaje a todos los pasajeros. Mientras tanto los burgueses, que están acompañados de sus esposas, intentan acostarse con Isabel. Ella, pese a su oficio, los rechaza ante lo impropio del momento y la situación.
Cuando sus compañeros de viaje ven peligrar sus negocios debido a la permanencia en el Hotel y el tedio comienza a invadirlos, acaban por convencer a Isabel de que se sacrifique por ellos, invocando a Juana de Arco o narrándole la historia de Judit que se acostó con el general Holofernes de Nabuconodosor cuando invadió su ciudad, cortándole la cabeza. También mencionan el caso de Sexto y Cleopatra.
Pero el argumento que más llega a convencerla es el de la monja, cuando esta le dice que lleva unas medicinas para los soldados que se encuentran heridos en El Havre y la ausencia de los fármacos pueden provocar su muerte.
La muchacha, ingenua y asombrada por la historia de heroísmo de esas mujeres y el peligro que corren los heridos defendiendo su patria, acaba cediendo finalmente y cuando está en la habitación con el prusiano, los demás se felicitan y brindan festivamente, al mismo tiempo que hacen comentarios jocosos sobre la situación que se está produciendo en el piso superior.
A partir de este momento, la obra toma unos derroteros ligeramente distintos al del relato de Maupassant.

Mientras todos celebran la inmediata partida y Bola de sebo se encuentra en la habitación del comandante prusiano, se presenta Luís, el cochero. Al enterarse de lo ocurrido, les dice a todos con ira que van a ser fusilados, pues Isabel le había pedido su navaja para esconder en la liga, y está convencido de que esta asesinará al prusiano.
Al percatarse de que las historias a las que han recurrido para convencerla finalizaban con la muerte del enemigo, se aterran y comienzan a culparse los unos a los otros de la execrable acción a la que han inducido a la joven y las trágicas repercusiones que para ellos tendrá la muerte del prusiano. Se produce una fuerte disputa entre todos llegando al insulto, y las señoras casi a las manos. Una vez calmados, deciden mirar por el hueco de la cerradura, comprobando con alivio que la muchacha no ha matado al enemigo, sino que ha cumplido los deseos de éste, para desazón de Luís que comenta: ¡Qué vergüenza!
Cuando todos se disponen a partir, baja Isabel de su cuarto y observa como todos almuerzan copiosamente tras haber conseguido vituallas en el pueblo. Ella saluda al grupo, pero desviando la vista  la ignoran. La muchacha dice que tiene hambre pero ninguno de los presentes comparte  con ella su comida. El cochero obliga a todos a entregar la comida a Isabel, so pena de no continuar el viaje. Cuando las viandas son depositadas en la mesa, Isabel en un ataque de furor, la derriba e insulta a todos aquellos que la han llevado a sufrir semejante humillación.
En el cuento de Maupassant, Bola de sebo es más tímida y con pocos arrestos ante los que ella considera sus compatriotas. Hochwälder le imprime más carácter y ese arranque de ira es muestra de ello.
Con Maupassant se reanuda la marcha y Bola de sebo va entre sus compañeros de viaje, marginada, despreciada, ignorada, humillada y sollozando.
Hochwälder confiere un final más digno a la salida de Isabel del Hotel, tomando el brazo del cochero Luís que, ante la negativa de la mujer para viajar en compañía de esas personas hipócritas y mezquinas, la invita a que lo acompañe a su lado en el pescante del coche.

En cuanto a la acción, la obra teatral es más trepidante que el cuento. Naturalmente así ha de ser ya que priman los diálogos por encima de las descripciones, teniendo el espectador que hacerse una composición de lugar y valorar las actitudes de unos y otros por su comportamiento. En esto evidentemente es fundamental el trabajo de los actores y actrices.
Maupassant es más prolijo en la descripción de los personajes y sus sentimientos y es capaz de conmovernos mucho más que Hochwälder. El texto narrativo permite describir situaciones que el teatro debe sintetizar debido a múltiples razones, pero sobre todo escenográficos y rítmicos. El objetivo es mantener la constante atención del público y no se puede permitir caer en diálogos insustanciales o situaciones que requieran intervalos de tiempo en exceso largos entre diálogos. Por otra parte, el éxito teatral de un relato que ya había sido juzgado como una obra maestra en su época, va a depender en gran medida de la buena actuación de la compañía que la representa. Maupassant no tiene ese problema. Con su prosa sobria maneja a sus personajes a su antojo obteniendo de todos una caracterización magnífica.

Resumiendo, tal vez sea la versión más fiel a la obra original que se haya realizado, adaptada con acierto, según las críticas recibidas, a los cánones de las exigencias teatrales.

NOTA.-
Fritz Hochwälder nació en Viena en 1911 y murió en Zurich en 1986, pero fue enterrado en Viana.  Sus padres, judíos, fueron deportados y asesinados en Polonia en 1942. En 1938 Hochwälder, un decorador reputado, huyó a Zurich donde su ciudadanía austriaca le impidió conseguir empleo. Usando su tiempo para hacer realidad una ambición de juventud empezó a escribir obras teatrales, donde adaptaba temas históricos o literarios para denunciar problemas contemporáneos.


José Manuel Ramos González
Pontevedra, 5 de Febrero de 2011.



domingo, 23 de enero de 2011

La pájara de los Hautot

 La Pájara de Serrano Anguita y Hautot padre e hijo de Guy de Maupassant.

El 12 de noviembre de 1926 se estrena en el teatro Lara de Madrid la comedia de Francisco Serrano Anguita, La Pájara. Comedia en tres actos representada por una compañía de 9 actores.
La acción se desarrolla en Castilla en la misma época.
El argumento sintetizado es el siguiente:
D. Mariano, un campesino viudo pero adinerado, tiene una amante en la ciudad a la que va a visitar todos los domingos. El primer acto comienza con Guadalupe y su criada Eusebia haciendo todos los preparativos en la casa para la llegada a almorzar de D. Mariano. En compañía de ambas se encuentra D. Gaspar, un amigo común de la pareja y de edad ya avanzada.
Guadalupe es una hermosa mujer de treinta años, dispuesta y con mucha clase, mientras Eusebia, torpe y de baja condición, deambula entre las vajillas. Los amoríos de Guadalupe con D. Mariano son la comidilla de la rumorología malintencionada de la ciudad. Las malas lenguas le llaman La pájara, juzgándola díscola y casquivana al entregarse a un hombre mucho mayor que ella y que le ha puesto una pequeña tienda de mercería para que no pase apuros.
Mientras esperan, reciben la inesperada visita de Pablo, hijo de D. Mariano, un joven campesino como su padre que ha ido a llevarles la noticia de la muerte de D. Mariano en un accidente de caza. Pablo es la primera vez que se enfrenta cara a cara con la amante de su progenitor, cuya existencia acaba de conocer, pues el viejo antes de morir le rogó en plena agonía que cuidase de ella en todo lo que necesitara,. Ella  había sido la ilusión de sus últimos años y quien la había amado, y si no la había presentado en la granja era para honrar la memoria de su difunta esposa y mantener las formas ante su hijo.
Francisco Serrano Anguita
Pablo, de buen corazón, accede a la última voluntad de su padre y llega lloroso y emocionado a la casa. Tras la primera conmoción y las explicaciones de rigor que D. Gaspar, a la sazón un segundo padre para el joven, solicita de este, se produce un diálogo un tanto embarazoso por la situación entre Pablo y Guadalupe, finalizando el primer acto con la promesa de que Pablo regresará a almorzar el domingo siguiente para hablar de las últimas voluntades de su padre con más tranquilidad.
El segundo acto comienza en la granja de Pablo. Los jornaleros y las criadas circulan por la granja alegremente cantando coplas mientras realizan su faena, vigilados férreamente por la atenta mirada de Damiana, una anciana ama de llaves que lleva viviendo en la casa antes de que Pablo naciese. Ya ha transcurrido tiempo y la alegría vuelve a reinar entre las gentes del caserón. Guadalupe y D. Gaspar han sido invitados por Pablo a permanecer unos días en la casa campestre y Damiana está contrariada porque la presencia de la muchacha ha roto el ritmo que de ordinario llevan las labores de la granja. Además, en su condición de vieja criada de la dueña de la casa, considera una indignidad la presencia de esa mujerzuela a la que llaman la Pájara y que ha deslumbrado con sus galanuras al infortunado D. Mariano. Damiana desahoga sus cuitas con los otros criados, profiriendo improperios e inyectivas al mismo tiempo que indirectas sobre la funesta presencia de Guadalupe en la casa.
Pablo trata de convencer a Damiana, pero esta, encerrada en su caparazón de prejuicios, no atiende a razones. Pablo ignora la opinión de la vieja que al fin y al cabo no es más que una antigua sirvienta.
En un momento del segundo acto Guadalupe se queda a solas con Damiana. Mantienen un diálogo muy socarrón de entrada por parte de la sabia anciana y, tras una amable respuesta de Guadalupe, esta convence a la vieja de su buenas intenciones, pues le habla de un modo tan vehemente que Damiana no puede evitar conmoverse con la historia de la desgraciada muchacha a la que D. Mariano salvó del arroyo.
Hechas las paces entre las dos mujeres, toca el turno de entrar en escena a D. Gaspar y a Pablo a solas. D. Gaspar plantea a Pablo que averigüe si Guadalupe lo aceptaría como esposo. Pese a ser mayor para ella, le gustaría darle a la muchacha un apellido y una condición defendiéndola de las injurias e insultos que le prodigan las retorcidas gentes que le han puesto ese mote tan peyorativo. Pablo, que está perdidamente enamorado de Guadalupe, se queda atónito pero le promete a D. Gaspar que lo intentará tan pronto tenga ocasión. Y, desgarrado por el dolor, pide a Guadalupe que se vaya de la casa sin que esta entienda nada.
El tercer y definitivo acto comienza en casa de Guadalupe, mientras Damiana hace las maletas para tomar el tren que la lleve al pueblo. Guadalupe, solícita con la vieja, le regala prendas de la pequeña mercería que regenta financiada con el capital de D. Mariano para que la joven pudiera disponer de su vida, pero a la que casi no acudía clientela alguna por los rumores que circulaban sobre su fama.
Damiana se retira y D. Gaspar, presente también en la casa, es requerido para resolver unos negocios, quedándose a solas Pablo y Guadalupe. El joven aprovecha el momento para contar a Guadalupe las intenciones de D. Gaspar y como las valora. Ella, sorprendida al principio, se lo toma a risa finalmente, argumentando que D. Gaspar es como un padre para ella, como un confesor, pero que jamás se lo imaginó como esposo. Pablo, aliviado, va a dar la noticia a D. Gaspar que la acepta resignado comprendiendo las razones de la joven y considerándose estúpido por haber albergado alguna esperanza. Pero pasadas unas horas, Guadalupe, tras haber reflexionado gravemente, le da el sí a D. Gaspar. Cuando Pablo se entera y le va a pedir explicaciones, la mujer le confiesa que ha aceptado la proposición de D. Gaspar para alejarse de él, de quien también está enamorada. Ante las reiteradas explicaciones solicitadas por Pablo por ese repentino cambio de opinión, ella le dice que lo suyo no puede seguir adelante porque siempre pendería sobre ellos como una losa la sombra de su ex amante y padre de él. Finalmente pide a Pablo que se marche, cerrándose el telón.

Según la sinopsis argumental que acabamos de hacer, más parece un drama que una comedia, sin embargo los diálogos, sobre todo en la segunda escena, están salpicados de agudos comentarios con segundas intenciones, chascarrillos y coplas castizas que le dan unas pinceladas de humor que mitigan todo el dolor y sentimiento contenidos de los dos jóvenes. Los campesinos deambulan por la granja con un parloteo y jerga a veces grotesca que Serrano Anguita conserva en su obra. Como muestra de alguna de los estribillos cantados por los campesinos reproducimos las siguientes:

Una moza fregando,
Dijo a un puchero:
 «¡Ojalá Dios te güelvas
 mozo soltero».

Va diciendo mi padre
Que no te ayudo.
De dos panes que gana
Me como uno.

El campesinado castellano castizo queda muy bien retratado en la obra y es precisamente lo que le aporta esa pizca de humor que adereza el enredo amoroso.
Es de justicia decir que, según las crónicas de la época, los actores interpretaron su papel con intensidad y el público disfrutó de la obra.
Así, en el periódico El Sol del día 13 de noviembre de 1926, podemos leer:

Estrenada ya con buen éxito en provincias, el público que asistió ayer tarde a este teatro acogió la nueva producción del Sr. Serrano Anguita, “La pájara”, con reiteradas demostraciones de agrado, refrendando así el buen juicio que les mereciera a quienes disfrutaron de sus primicias fuera de Madrid.
Aunque la comedia tiene por punto de partida el final de un cuento de Guy de Maupassant, en nada se relaciona la acción de “La pájara”,con el trabajo de aquel que fue uno de los mejores cuentistas franceses. Por eso consignamos que la obra del Sr. Serrano Anguita tiene sólo por punto de partida la terminación de la del autor de “Bel ami” y “Fort comme la mort”; donde acaba el cuento allí comienza la comedia, en pleno ambiente castellano, donde arraiga fuerte y duro el carácter de los personajes que juegan en la acción.
[…]
“La pájara”, que es la mujer que despierta codicias de amor, entre varios hombres, fue encarnada por Concha Catalá.
[…]
El autor se presentó en los finales de los actos, acompañado de los artistas, a recibir los plácemes del auditorio.

Es precisamente esta noticia lo que nos lleva a averiguar de que cuento de Maupassant se trata.
Sin ningún género de dudas el cuento en cuestión es Hautot père et fils, publicado en L'Écho de Paris, el 5 enero 1889 y recogido con posterioridad en la antología La main gauche. La primera vez que a nosotros nos conste que se publicó en España fue en el año 1948 por la editorial Aguilar con motivo de la edición de las Obras Completas de Maupassant traducidas por Luís Ruiz Contreras. El cuento se titula en castellano Hautot padre y sucesor. Quizá se hubiese traducido con anterioridad, pero lo que nos parecería sorprendente es que fuese publicado en España antes del estreno de la obra. Los dramaturgos no podían arriesgar su reputación de ese modo, máxime teniendo en cuenta el ya comentado silencio de Serrano.
Resumamos la trama del cuento para una posterior comparación.
Hautot es un campesino con recursos económicos que ha enviudado hace unos años, viviendo en el campo con su hijo César, un muchacho ya pasada la adolescencia y de buen corazón. El viejo, viéndose solo, tiene una amante en la ciudad a la que va a visitar todos los jueves de la semana y con la que hace cuatro años ha tenido un hijo fruto de ese amor de senectud. Mantuvo oculto a César la situación para honrar la memoria de su difunta esposa. Pero un accidente de caza da un giro imprevisto a los acontecimientos y, ante el postrer momento y en plena agonía, cuenta a César todo y le hace prometer que cuidará de su ex amante para que no le falte de nada.
César con las lágrimas en los ojos accede a la petición de su padre que expira en sus brazos.
El primer jueves, después del luctuoso suceso, César se presenta en el pequeño piso de Caroline y su hijo, donde todo está ya dispuesto para el almuerzo de su padre. Cuando el muchacho tímidamente se identifica y comunica a Caroline lo sucedido, está rompe a llorar deshaciéndose en un mar de lágrimas y el chiquillo, asustado, creyendo que César es culpable del estado de su madre, comienza a golpear desaforadamente al joven, el cual permanece impasible y conmovido ante la escena de dolor de la joven.
Tras el impacto del primer instante, y después de un diálogo un tanto tenso por lo embarazoso de la situación, todos se van recuperando y César acaba aceptando la invitación para quedarse a almorzar, prometiendo a Caroline que volverá el jueves siguiente a visitarla.
Así finaliza el cuento, con la implícita, pero obvia atracción que se ha producido entre los dos jóvenes y que consecuentemente César acabará ocupando el lugar dejado por su padre.
Tras el resumen de ambos argumentos no hay duda de que Serrano se inspiró en este cuento de Maupassant. Aunque creemos que Serrano tenía la obligación de citar esta fuente. Al no hacerlo parece dejar en entredicho su probidad como autor teatral. Por el contrario, años después con motivo del estreno de su obra Quince diamantes, si manifestaría que la obra estaba basada en un relato de Maupassant sin citar su título, pero que creemos que se trataba de El collar.
Así pues, considerémoslo un pecadillo de juventud por parte del Sr. Serrano y redimido años más tarde.
En ambas obras, pero tal vez con más intensidad en la de Serrano, se nos muestra el estereotipo de la pareja entre la muchachita díscola y el viejo rico que la logra traer al redil salvándola de convertirse en una mujer descarriada. Estereotipo que todavía genera prejuicios de los que lamentablemente no nos hemos desprendido.
La pieza teatral omite por completo la escena del accidente de caza y la confesión de la última voluntad del padre, D. Mariano, que aparece narrada por Pablo en la primera escena. El personaje del niño de cuatro años se reemplaza por D. Gaspar, el amigo común y que a la postre tendrá un rol significativo en el desarrollo de la obra. Resulta de sentido común la ausencia del niño de cuatro años en una obra de teatro.
Donde Maupassant finaliza continúa Serrano Anguita. Y a partir de ahí la conducción de la obra corre a cargo del dramaturgo. Como en una carrera de relevos, Maupassant entrega el testigo a Serrano Anguita que corre con su zancada y estilo peculiar, completamente disímil al del autor francés.
Pablo y Guadalupe se enamoran sin declararse su mutuo sentimiento hasta el final de la obra, pero sobre ellos pesa la sombría losa de D. Mariano. Esta mezcla de temor al que dirán y respeto a los difuntos queridos, obliga a Guadalupe a sacrificarse renunciando al amor correspondido de Pablo, para entregarse como esposa a D. Gaspar.
Hautot père et fils es un relato excelente. La maestría de Maupassant de expresar tantas emociones en tan pocas líneas, queda de manifiesto una vez más en esa narración. Dolor, pena, asombro, emoción, afecto y finalmente amor. Maupassant logra hilar muy fino todos estos sentimientos y combinarlos en tan solo cuatro mil palabras.
En Maupassant no existe el dilema moral que surge en el alma de La Pájara. Evidentemente las costumbres finiseculares decimonónicas en Francia eran más disipadas que en la España de 1926, donde la Iglesia ejercía una fuerte influencia y la condena popular era un duro lastre.
Mientras el relato de Maupassant se desarrolla en el cuarto en el que Caroline vive con su pequeño hijo, en La Pájara, la escena primera y tercera tienen lugar en el domicilio de Guadalupe, mientras que la segunda se desarrolla en la granja de César, donde va naciendo el amor finalmente frustrado.
Para Serrano Anguita los escrúpulos morales priman sobre el amor, como ya hemos argumentado. Para Maupassant el idilio entre Caroline y César Hautot se produce como una transición natural, siendo Hautot padre, el puente que ha de dar continuidad al romance.
Ambos desenlaces parecen ser fiel reflejo de la moral que se respiraba en ambos países en las épocas en las que fueron escritos.
En cualquier caso, henos una vez más ante un ejemplo de la universalidad de la obra de Maupassant.

José M. Ramos González
Pontevedra, 23 de enero de 2011

sábado, 20 de noviembre de 2010

El acoso escolar. Bullying

Bullying es un término anglosajón que significa intimidación o abuso; también se utiliza como adjetivo cuando se dice de una persona que abusa de sus inferiores física o psíquicamente en un ámbito escolar. En cualquier caso es una palabra que lamentablemente está de moda en nuestros días por su actualidad mediática, debido sobre todo a una pérdida de valores en la juventud y a una brecha enorme en nuestro sistema educativo por donde desparecen, como engullidos en un abismo legislativo, el poder de legítima autoridad del adulto (entiéndase profesorado y familias) y el sentido de la disciplina, ausente casi por completo en nuestros Colegios e Institutos.
Pero este no es un mal nuevo. Es tan antiguo como la humanidad. No deja de ser más que una manifestación violenta de la supremacía del fuerte sobre el débil, con la particularidad de que el vencedor no suele ser compasivo y retroalimenta sus ataques a medida que el vencido va minimizándose cada vez más. El Bullying es despiadado. La víctima casi siempre acaba  convencida de ser un guiñapo impotente, y a veces sintiéndose culpable, tratando de buscar cualquier medio de liberación que en algunos casos resulta ser trágicamente irreversible.
El hecho de que siempre haya estado agazapado ahí, no justifica su existencia en pleno siglo XXI, cuando por ejemplo nos escandalizamos por el maltrato infligido a los animales y no ponemos todo de nuestra parte para evitar estas situaciones tan lamentables cuyas víctimas son seres tanto o más indefensos que las fieras, al fin y al cabo nuestros hijas e hijos no tienen astas con las que defenderse.
Yo, con catorce o quince años, fui víctima de acoso por parte de un compañero de clase, repetidor y dos años mayor que yo. Era un fracasado y no sé que será de él hoy, pero no creo que se haya redimido. No le guardo rencor porque probablemente él también fuese una víctima de sus circunstancias, algo muy frecuente en el acosador. Su método consistía en pegarse a mí como una lapa cuando teníamos que realizar un examen, y si no le pasaba una nota con las respuestas o no se las susurraba, me abofeteaba en la calle y me amenazaba constantemente. Soporté estoicamente ese curso escolar arriesgándome a ser descubierto por mis profesores soplándole al muy ladino las respuestas del examen. Yo era tan ingenuo que no sabía que temer más, si a las amenazas de A.M. (esas eran sus siglas) o a ser sorprendido in fraganti por la persona que en ese momento me examinaba y para mi era digno del mayor de los respetos. Sentía que estaba cometiendo una falta y si no me agredía A.M., me sentía también mal porque consideraba que de algún modo había puesto en peligro la confianza que depositaba en mí el docente de turno. Todavía hoy, desde mi perspectiva como profesor, no podría dilucidar que era lo que más me turbaba.
Por supuesto cometí los errores del acosado: no cortar de raíz los incidentes desde el primer momento, no comentarlo a mis padres ni por supuesto a los responsables del Instituto. El eterno miedo a las represalias siempre pende como una espada de Damocles sobre la víctima. Denunciarlo a la policía era irrisorio en aquellos años.
Y lo más paradójico de la situación es que tanto por unos y por otros, estas bromas eran consideradas chiquilladas sin tener en cuenta el sufrimiento de los que las padecían, así que… a tragar. No salía ninguna noticia en la prensa de ningún acto que pudiese perturbar el desarrollo de una sociedad maquinalmente dirigida por unos órganos de poder absoluto que querían transmitirnos lo idílica que era nuestra vida.
¿Qué es lo que ha cambiado? Poco, pero hoy hay más información. No tenemos justificación para no combatir.
Las motivaciones del bullying son los celos, la envidia, la maldad, la cobardía (no suelen actuar en solitario en la mayoría de las ocasiones)… semillas que, en un terreno ambiental y familiar abonado, son el germen del futuro delincuente, del fracasado, del frustrado. ¡Qué disfrute de su poder mientras pueda que al final la vida pondrá a cada uno en el lugar que le corresponde!
Soy consciente de la dificultad que supone erradicar esta práctica, pero solamente hay una solución: la denuncia. Ponerlo en conocimiento de las familias, de los responsables del centro educativo, y como último término acudir a las autoridades. Lo más difícil es dar el primer paso, pero hay que arriesgarse. La dignidad personal y el honor bien valen unos hematomas (esperemos que la cosa no pase de ahí). Una vez logrado liberarse de esta lacra, la víctima llevará sus heridas con orgullo, como un soldado que ha caído herido en una batalla pero que al final ha ganado la guerra.
Ganémosle la guerra al bullying entre todos y todas tratando de hacer a nuestros jóvenes más solidarios, tolerantes, comprensivos y conscientes del sufrimiento ajeno.
Recomiendo a los educadores y a las familias algunas películas que nos muestran el bullying en su desgarradora realidad y que sean ellos quienes juzguen la conveniencia o no de proyectarlas a su alumnado o a sus hijos e hijas, habida cuenta que algunas de ellas contienen escenas realmente duras pero lamentablemente no por ello ficticias. Hay que curtir a nuestros jóvenes en algunos aspectos de la vida aun a costa de enseñarles la realidad tal como es en sus aspectos más negativos.
La tan controvertida asignatura de Educación para la ciudadanía debería contener un tema completo dedicado al bullying. Si no es así nos toca a nosotros actuar, familias y profesorado. Si dejamos pasar el tiempo o miramos para otro lado tal vez sea demasiado tarde.
El tema es tratado con profusión por Hollywood de forma tangencial y sin darle mayor relevancia, (recordamos mil y una escenas donde algún alumno o alumna de una High School, el equivalente a nuestros Institutos, es víctima de la broma cruel de algún compañero o compañera) pues normalmente son escenas que forman parte del guión de una comedia.  Sin ánimo de ser reaccionario, y también haciendo autocrítica me pregunto ¿qué se puede esperar de una industria cinematográfica donde lo que prima es la violencia, el sexo indiscriminado o el derramamiento de sangre arbitrario? El tomar a chanza el bullying es el menor de los males. Culpable es también la sociedad que consume esos productos.
No obstante lo anterior, citaré tres películas que tratan el tema del acoso escolar de un modo realista y didáctico. Por pocos escrúpulos que se tengan, el visionado de estas tres películas debería ser una potente vacuna contra cualquier tentación de agresión física o psíquica a un compañero o compañera.
Elijo estas tres en particular porque abordan el problema explícitamente, por su realismo y veracidad, por su carácter pedagógico para los jóvenes, familias y profesorado, y por supuesto por tratarse de cine de gran calidad.
Véanlas y tendrán una visión más clara y otra perspectiva más honda y aterradora del monstruo que acecha en las aulas en las que conviven a diario nuestros hijos e hijas.
Las películas son:

Cobardes. España. 2008. Dirección: José Corbacho, Juan Cruz
Reparto: Lluís Homar, Elvira Mínguez, Paz Padilla, Antonio de la Torre, Javier Bódalo, Eduardo Espinilla, Eduardo Garé, Ariadna Gaya, Maria Molins

Bullying. España. 2009. Dirección: Josecho San Mateo.
Reparto: Albert Carbó, Laura Conejero, Carlos Fuentes, Joan Carles Suau
 
La Clase (Klass). Estonia. 2007. Dirección: Ilmar Raag
Reparto: Vallo Kirs, Pärt Uusberg, Paula Solvak, Margus Prangel, Tiina Rebane, Merle Jääger


José M. Ramos González
Pontevedra. Noviembre 2010


jueves, 18 de noviembre de 2010

El papá de Simón

 20 de noviembre. Día Internacional de los derechos de la infancia
Artículo 3º.- El niño y la niña tiene derecho desde su nacimiento a un nombre […]
     Artículo 6º.- El niño y la niña, para el pleno desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus progenitores y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material 


El Papá de Simón es un cuento del célebre escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893), que apareció publicado por primera vez en  La Réforme politique et littéraire el 1 de diciembre de 1879. Es uno de sus primeros cuentos breves, género en el que este autor destacaría hasta el punto de ser uno de los mejores y prolíficos cuentistas de la literatura universal contemporánea.
El papá de Simón narra las vicisitudes de un niño de 7 años que va por primera vez a la escuela. Un niño tímido al que su madre siempre mantuvo oculto por la vergüenza a mostrar ante la gente el fruto de un amor frustrado. Simón es hijo de una mujer soltera y no sabe quien es su padre.
Cuando es preguntado por primera vez por sus compañeros como se llama, él responde tímidamente que su nombre es Simón. ¿Simón qué? insisten los pilluelos. ¡Simón! ¡me llamo Simón!... Las burlas de los chicos no se hacen esperar y le arrojan a la cara que no tiene apellido porque no tiene padre…
¿Padre? Al principio queda estupefacto, pero es cierto. No tiene padre pero no puede permitir tales burlas y se enfrenta valientemente a sus compañeros que huyen ante su vigor físico.
Triste, confuso y con lágrimas en los ojos se aleja hacia los campos, habiendo tomado una determinación. Quiere ahogarse porque en cierta ocasión cuando sacaron el cadáver de un mendigo ahogado en el río alguien dijo: “Ahora es feliz”. Quería liberarse de esa tremenda y pesada carga que es la falta de un padre que se fraguaba en la ingenua mente infantil como algo monstruoso y reprobable.
Ya en la orilla del río y sofocado por los sollozos, alguien se dirige a él para preguntarle que le ocurre. Se trata del herrero del pueblo, un mocetón soltero y sensible que por allí pasaba. El niño le cuenta sus pesares y el herrero le dice que de ahora en adelante cuando le pregunten diga que su padre es él y que si alguien vuelve a burlarse tendrá que vérselas con el enorme hombretón.
Henchido de felicidad y orgullo, Simón regresa a la escuela para informar a todos que su padre es el herrero del pueblo. Los demás niños quedan atónitos y atemorizados pues de todos es conocida la fortaleza y hombría de ese joven.

El dolor y sufrimiento de Simón es compartido por muchos niños en el mundo que no tienen el afecto y protección al que tienen derecho. Es paradójico este efecto multiplicador: burla y ensañamiento con alguien al que un nacimiento sin progenitor ya ha sustraído parte de uno de los más elementales de los derechos: conocer al padre. ¿No se ha ensañado ya la vida suficientemente para tener que recordárselo a diario en la escuela? Hoy, que tan aficionados somos a dar nombre a todo, diríamos que Simón es víctima de un acoso escolar que casi desemboca en suicidio. Hay casos en nuestro país donde este tipo de situaciones ya se han producido. El acoso escolar, o si recurrimos a los anglicismos el bullying, es moneda frecuente en nuestros centros escolares y es algo a atajar por parte de los educadores y sobre todo por una educación familiar adecuada y cimentada en el fomento de valores tales como el respeto, la tolerancia y el honor.
Pero la sociedad también es culpable en muchas ocasiones por la doble moral de la que tantas veces da muestras. Todavía en algunos ámbitos una madre soltera puede producir una cierta compasión despectiva que, como bien dice Maupassant, se transmite de forma inconsciente a los niños.
La historia de Simón puede parecernos hoy una cuestión baladí. En la actualidad, una madre soltera ya no es una apestada como no hace mucho tiempo; ya no es una vergüenza para la familia como sucedía no ha pocos años. Pero debemos contextualizar esta narración cuando fue escrita y en que entorno se desarrolla la acción: en la Francia rural del siglo XIX, donde la mujer soltera que quedaba embarazada y era abandonada por el truhán de turno, había cometido un pecado capital y quedaba marcada para toda su vida. Difícilmente podía rehacer una vida en un hogar feliz. No ocurre así en el cuento que nos ocupa con un desenlace feliz: El herrero acaba contrayendo matrimonio con la madre de Simón. Cosa extraña en Maupassant tratándose de un autor eminentemente pesimista que siempre trató las miserias humanas con el escepticismo propio de un nihilista y para quien la vida no era más que una inmensa nausea (como postularía años más tarde el filósofo Jean Paul Sartre). La única explicación que encuentro al desenlace del Papá de Simón es que fue escrito en plena juventud de su autor (contaba con 29 años) y todavía podía atisbarse en él algún asomo de dicha o alguna pequeña brecha por donde penetraba algún aspecto idílico de la vida. Grieta que pronto se cerraría para convertirse en un pétreo muro infranqueable a cualquier placer, alegría, goce o sencillamente paz interior.
 La mayoría de los cuentos que escribió a partir de 1880 suelen ser fotografías de la miseria humana, de la inanidad de la vida, de la desesperanza y la falta de fe… “lo único cierto es la muerte”, decía en sus arranques de taciturno pesimismo. Una vida destrozada por una sensibilidad demasiado excitada por los estimulantes artificiales, aderezada con unas dotes de observación fuera de lo común que le permitía registrar absolutamente todo, pero con una especial relevancia la fealdad de las cosas y las gentes.
El papá de Simón es una rara excepción en su desenlace, aunque ya apunta un género dramático si analizamos los sentimientos y sufrimiento del niño ante la certeza de que no tiene padre. Nos conmueve la primera parte del relato.
En definitiva, no es el mejor cuento de Maupassant ni está considerado entre los mejores porque el argumento tampoco es demasiado original, sin embargo está muy bien tratado y escrito y a todos nos emocionan los llantos del chiquillo en la soledad de la orilla del río y nos duelen las burlas crueles de sus compañeros.

Hay que proteger a nuesta infancia de los prejuicios de una sociedad que todavía mantiene reminiscencias del pasado considerando que ciertas convenciones no deben ser alteradas. Así hay quien todavía se rasga las vestiduras porque un matrimonio homosexual pueda adoptar un niño o una niña. Lo que nos debería encoger el corazón es que haya niños y niñas en el mundo que carezcan del amor y afecto que le deben dispensar sus progenitores, sea en el contexto sexual que sea. El amor debe primar sobre todo lo demás, en la infancia especialmente porque esta es el estamento más frágil de nuestra sociedad y el Papá de Simón así nos lo enseña.

¡Buena lectura!


Para leer el Papá de Simón ir a


José Manuel Ramos González
Pontevedra, noviembre 2010